La aparición de Pablo Iglesias en La Sexta Noche ayer fué muy esclarecedora, dejando claro sus aciertos y fortalezas, pero también fué decepcionante. Aquí va el link para que veais y juzgueis por vosotros mismos,
En mi opinión, que lo ví en vivo y luego al día siguiente, estuvo muy entretenido. Pero, sobre todo, decepcionante. Decepcionante porque Pablo cayó en el juego de utilizar tácticas inadecuadas como el "repita conmigo" y porque en vez de entrar a discutir temas en profundidad, aclarando las posiciones de forma que no quedase lugar a dudas, las conversaciones con Esperanza Aguirre eran una versión del "y tu más" a la que tan acostumbrados nos tiene la vieja política. No me parece bien que a las acusaciones a Pablo este conteste con "y que has hecho tu?", que es lo que se traduce de sus relaciones con Irán, Venezuela o Cuba. Esa no es respuesta.
Estuvo acertada Espe cuando se quejó de que Pablo no quería que ella le tomara la lección, pero si se la quería tomar él a ella. No se cometen los errores del enemigo para demostrar el punto de que "tu a mi no me vas a pillar". Esa respuesta de Pablo viene desde los duelos de dominancia, no desde el razonamiento de cuál es el debate político ajustado al flujo de información y cuál no. Viene desde el "tú a mi no me vas a hacer eso, te lo hago yo a ti", y resulta que el punto real es que eso no lo debe hacer nadie. Está mal que lo haga ella y está peor que lo intentes hacer tu. Esas no son maneras de debatir. Para debatir adecuadamente se va a las ideas, desde la ecuanimidad y el equilibrio, no desde el ya verás. Pero Pablo es Pablo. Con sus debilidades y fortalezas. Y le puede la dominancia. El deseo de estar arriba, de controlar, de hacer comentarios subidos simplemente porque aqui yo puedo hacerlos.
Y claro, lo que sucede es que Pablo, es, sin más, un lider. Tiene el sistema neuroendocrino de los líderes?, diría que sí, a partir de su gestualidad impecable que demuestra que está en control, la rapidez para hablar diciendo lo que arrima el ascua a su hoguera en instantes, la versatilidad y la asertividad para insistir en los puntos que le interesan ("la vuelta" con Esperanza en la Tuerca, con la que yo no cuento), la sonrisa y los gestos de incredulidad, de duda, el "me muerdo los labios para no hablar mientras no es mi turno", las interrupciones comedidas y presentes solo cuando quiere demostrar un punto rápido. Es un animal dialéctico forjado en el debate y que disfruta el cuerpo a cuerpo de la lucha política. Eso es lo que lo hace tan mediático. Las personas somos sensibles a esa dominancia, a ese saber hacer, a ese color rojo intenso en la camisa (dominancia) con una corbata de estilo irreverente pero presente (señal de status), a esa sonrisa para mostrar control, a la cara de poker cuando el contrario dice algo que puede hacer daño y a lo que tu no le vas a admitir que puede ser delicado. Y el resumen, luego de verlo en la interacción con Aguirre, es que es mucho mejor lo que Pablo actúa, lo que deja ver, que lo que dice. Y como resulta que la gestualidad y la comunicación no verbal transmiten más información que lo que semánticamente decimos, al final Pablo queda como que ha ganado el duelo de dominancia en el que convierte las conversaciones políticas. Y es que él, de hecho, debe ser de estos que flotan como la espuma después de una conversación, siempre llevando la razón.
A Pablo hay que comprenderlo. Y aceptarlo. Porque aunque a mi personalmente me resulte impostura esta dominancia que viene más desde la postura que desde la razón, a la mayoría de la población no. La mayoría de la gente disfruta a un lider por sus formas y sus movimientos más que por sus fondos. Mientras lo que diga sea coherente, puede no ser elegante. Mientras lo que diga sea al menos aparentemente cierto, se le otorga credibilidad. Mientras mantenga la mirada, la gentileza y en la medida de lo posible, la última palabra, será un lider. Y eso está en el haber de Pablo.
Yo soy más de los lideres que razonan y razonan y razonan hasta que te rindes a sus argumentos. De los que no se imponen, sino que te argumentan y te desgastan hasta que te convencen y te unes a su causa. Pero esos lideres venden menos que los que las ganan todas, entre sonrisas, miradas, argumentos, entre lo que dicen y lo que callan.
Y resulta que tanto Pablo como Alberto Garzón califican para lideres. Pero ahora mismo está arrasando Pablo y Garzón es tan inteligente que con tal de gobernar y cambiar la sociedad, la cabeza al frente de la revolución es lo de menos. Lo importante es que haya revolución! Seguimos escuchando.
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